En primera persona

Los inicios

Pati Blasco (Valladolid, 1978).

Hay dos cosas inevitables que necesito hacer: escalar y escribir. Escribir y escalar es mi manera de estar en el mundo. Es algo orgánico para mí. Escalar es mi manera física, la forma en que se reencuentra mi mente con mi cuerpo y con la naturaleza, la manera de sentir todo esto unido. Escribir es la manera que tengo de ordenar mi cabeza con el mundo, con la gente, con todo lo que veo, lo que quiero descubrir, lo que conozco y lo que siento. A veces pienso que si algún día ese mundo imaginario que tengo en mi cabeza desapareciera me volvería loca…

Nací la novena de una familia con ocho hermanas y un hermano, una familia en la que las poesías, las historias y los cuentos formaban parte de nuestra realidad cotidiana tanto como el deporte. Desde pequeña tuve claro que quería escribir, inventaba poesías y cuentos que mi familia se tragaba amablemente… nunca fui una buena estudiante, permanecer sentada durante horas prestando atención a temarios que no me interesaban lo más mínimo me parecía tan aburrido que siempre encontraba algo paralelo con lo que entretenerme, aunque fuera pensar en las musarañas como bien decía mi padre. Quizá mis musas vengan de esas musarañas de mi niñez. El caso es que no fui una buena estudiante, después de COU dejé de estudiar porque la media no me dio para hacer Periodismo que era la carrera que menos se alejaba de lo que yo quería que era escribir, en su momento para mí fue un drama ¿no voy a estudiar una carrera entonces qué narices voy a hacer en la vida? Ahora me parece que es lo mejor que pudo pasarme.

Gracias a Darío Rodríguez entré a trabajar en Desnivel primero en administración, luego escribiendo en la página web, después de redactora en la revista Escalar y más tarde de redactora jefe de esa misma revista. Y esa es la mejor escuela que he podido tener, pelearme con los titulares, con los espacios, con las entradillas y las fechas de entrega… perder el complejo y asumir el compromiso de saber que lo que escribes no es sólo para el margen de tus apuntes sino que hay gente que lo lee… por eso agradezco mucho haber sido una mala estudiante.

También de niña mi padre, amante del deporte que creía tener en casa un equipo de fútbol, nos inculcó esa pasión por correr, saltar, subirnos a los árboles o jugar con una pelota grande o diminuta… de entre mis hermanas Miriam es campeona olímpica de Judo y Rosa me presentó el deporte que constituiría mi forma de vida. Me llevó a escalar con Darío Rodríguez cuando sólo tenía ocho años. Desde entonces subirme por las piedras resultó algo muy divertido y sobre todo los viajes, la naturaleza, dormir bajo las estrellas, las carreteras y las furgonetas… se impregnaron en mí de un modo muy profundo.

Pero pasó esa época terrible de la adolescencia en la que dejé el deporte y cometí bastantes errores a los que por suerte sobreviví. Escribía poco y lo poco que escribía era terrible…Conocí a Aitor y Dani y me llevaron de nuevo a la roca escalábamos todo lo que podíamos teniendo en cuenta que no teníamos coche ni dinero. Lo cual suponía ir en moto a las canteras de Alpedrete, viajar en autostop, dormir en cualquier rincón…

Quizá ha sido el momento de mi vida en el que más entrelazadas estuvieron mis dos grandes pasiones: escalaba y escribía en una revista especializada en escalada.

El cambio

Pero para evolucionar hay que cambiar. Es necesario enfrentarse a la incertidumbre para sacar lo mejor que llevamos dentro. Dejé mi cómodo refugio en la editorial Desnivel donde tanto había aprendido y, ya que acababa de terminar un curso de realización y dirección cinematográfica decidí unirme al proyecto de Aitor y Dani: la productora Avista Multimedia. Quería contar historias en imágenes, quería viajar y perderme por parajes desconocidos. Quería dejar todo aquello que me resultaba fácil y cómodo.

Fueron unos años muy intensos. Siempre apretados de dinero pero con proyectos ambiciosos, mucha lucha, la mente alerta y las manos manchadas de magnesio de tanto escalar.

Realizamos varios documentales relacionados con el mundo de la escalada y la montaña, uno de ellos Carlos Soria y el K2, supuso un viaje a Pakistán (a la segunda montaña más alta de la tierra) del que salió el esqueleto de mi primera novela, pero esa es otra historia.

También una serie de aventuras para el canal AXN, la participación en el rodaje de la película de José Luis Cuerda La educación de las hadas y varios documentales para el Instituto de la Mujer.

Andando la vida

En este momento me sucedió que me agobié mucho, estaba tan absorta en los problemas cotidianos de una productora que dejé de lado la escritura. Y sentía que lo que realmente quería hacer era escribir, aunque también tenía claro que vivir de escribir es casi imposible. Escribí varios guiones de largometrajes que se quedaron en el cajón y retomé una idea que rondaba desde hacía tiempo. En el viaje que hice al K2 redacté un diario y allí ya se me ocurrió el argumento principal para una novela, ya sabía qué quería contar. Lo malo es que no tenía demasiado tiempo y durante casi dos años lo dejé aparcado. Proponerme presentarlo al premio Desnivel, tener una fecha concreta y un objetivo cerrado, me ayudó a sentarme y simplemente parir todo lo que llevaba dos años gestando.

Y nació Andando la vida, y fue una gran sorpresa que me unió más a toda la gente que quiero y me hizo compartir con aquellos que no conozco sensaciones muy íntimas. Ganar el Premio Desnivel también fue un empujón importante.

Muchas veces me preguntan qué parte de realidad y qué de invención tiene esta novela. Pues tiene un poco de todo, para mí eso es lo más bonito del juego de escribir, saber que cabe todo lo que sientes todo lo que conoces y todo lo que imaginas.

La piel desnuda

Los libros se escriben en la cabeza principalmente, igual que las columnas o los relatos… es una idea la que te va rondando y va creciendo poco a poco y al final aquella frase aquel concepto toma tú mirada y empieza a cobrar sentido… escribí las primeras frases de La piel desnuda en la bolsa para vomitar de un avión que me traía de Grecia… no tenía nada más a mano…

Después de mi primera novela dejé la productora de forma fija, tenía algún dinero ahorrado y decidí dedicarme una temporada a escribir, a viajar y a subirme por las rocas. Fue una época muy hermosa para mí, aunque fuese ficticio (en realidad no vivía de escribir) hice todo lo que quería hacer, escribí, viajé y pasé mucho tiempo con mi gente. Un privilegio que nunca olvidaré.

En esos días nació mi segunda novela La piel desnuda. Una novela totalmente diferente en temática a la anterior ya que no trata ningún tema de montaña o escalada. Intento escribir sobre lo que no sé, lo que desconozco. Me gusta pensar que intento aprender y reinventarme en cada texto. No quiero repetirme, no me gusta hacer lo que ya sé hacer, quiero contar algo nuevo de forma nueva para mí, algo sobre lo que pueda aprender… en este sentido estoy muy satisfecha con el resultado de La piel desnuda ya que todo era un reto: desde que el protagonista fuera un hombre y que hablara en primera persona, hasta que la protagonista fuese una cooperante de una ONG…

Me parece un privilegio que alguien lea lo que escribes por eso siento cierta sensación de compromiso o servicio. Y siento que debo y quiero contar algo más. Algo del mundo, de la actualidad, de la realidad a la que es difícil llegar sólo a través de la realidad. En este sentido también estoy satisfecha con la novela. Habla de fronteras y dolor y amor y comprensión…

Pero se me acabó el dinero y no conseguía publicar La piel desnuda, a pesar de que quedé finalista del Premio Azorín. La novela se marchitaba en el cajón y yo realicé todo tipo de trabajos: con mis hermanas en una empresa de venta de gasóleo, controlando a maltratadores que llevan pulseras de detección de proximidad… hasta que, las revueltas de la vida, me llevaron a trabajar de nuevo en Desnivel pero esta vez en su editorial, como editora de su sección de Literatura de Montaña. Este empleo, mezclado con diferentes proyectos puntuales, me dan un sustento para seguir, trabajando desde casa y con bastante tiempo para escribir y escalar.

Estaba desanimada por no publicar la novela pero contenta con mi vida, con las ideas que bailaban por mi cerebro, con mi nueva situación de madre… con la sensación de que nunca dejo de enamorarme y descubrir… para mí eso es la vida.

Un buen día Raquel Gisbert de TH Novela, a quien yo había mandado el manuscrito, me llamó diciendo que estaban interesados en publicarlo… y hasta hoy, feliz de haber dado con una editorial que cuida a los autores y una editora que cree en los proyectos que emprende. Esperando el mes de febrero 2011 para que vea las calles… porque la luz la vio hace tiempo.

En una ocasión me preguntaron si no me asustaba desnudarme interiormente con una obra tan íntima y contesté que no ,que estos libros para mí son como esa carta a un amigo, a un amor a una madre… mis libros son para mi gente, en realidad es a ellos a quienes me apetece contar un cuento y les ha encantado y emocionado, y como no hay nada más bonito que desnudar el alma delante de aquellos a los que quieres y te quieren, pues me siento feliz de haberlo hecho, de no haber tenido miedo en su momento. Para mí su emoción, su gratitud y su compañía son el mejor regalo.

3 Responses so far.

  1. Daniel dice:

    Excelente tu libro, no podía dejar de leerlo, lo leí hasta caminando entre el transito…lo triste fue descubrir que había llegado a su final, maravilloso trabajo…saludos desde Colombia

  2. Miriam dice:

    Gracias, Pati, por compartir esto.

  3. Anna Salom dice:

    Hola wapa, me he quedado anonadada leyendo en tu blog, que vida más intensa has tenido y que escribir tan cercano transmites.
    Ha sido un placer conocerte, un besazo.

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