Si llegamos a mañana…


Un título algo catastrófico pero es por lo de desviar la atención del tema que en realidad quiero tratar. Es que odio las lecciones de cualquier tipo o los juicios morales…me resultan petulantes. Pero estoy mirando por la ventana y veo a lo lejos unas enormes nubes de agua, de esas gordas y blancas que parecen hongos nucleares o esponjosas nubes de algodón como las que imaginan los niños y pienso en cómo será la tierra que hereden nuestros hijos ¿aún existirán las tormentas o sólo serán efectivamente nubes de algodón? Acabo de subir de la piscina y me indigno viendo lo guarra que es la gente que deja colillas y papeles por todas partes, pero claro luego piensas en como está el campo (no el de los domingueros no, muchas zonas de escalada por ejemplo), de colillas, basura, papel higiénico… pues si los escaladores o la peña que va al monte por placer, que aprecia el aire libre como medio para realizar su hobby, lo tratan así…
Lo peor de intentar aleccionar es que sueles insistir en tener razón incluso cuando no es necesario que alguien tenga razón. Por eso yo sólo quiero ponerme en el sitio de los que vendrán después ¿podrán ver lo mismo que nosotros? Por si acaso, como si fuese una botella lanzada en un mar atemporal y lejano, voy a dejarles una notita en esta revista. Quien sabe si alguien de un improbable futuro lo leerá algún día…la magia del papel… «Querido hombre o mujer del futuro, espero que estés leyendo esta revista en una pradera llena de flores de colores, o en uno de esos lugares donde el cielo pueda empequeñecerte ¿todavía queda alguno o los saqueadores de la tierra acabaron con todos? Siempre me reí de la gente que se pone a llorar porque alguien se ha dejado un grifo abierto… o que asisten a todas las manifestaciones pero casi nunca visitan a su madre, en fin que nunca he estado demasiado ocupada salvando el mundo. Pero ya te digo que a lo lejos veo unas preciosas nubes de tormenta y me han entrado ganas de explicarte que de todas las tragedias que el ser humano crea para sí mismo que te pierdas estas maravillas se convierte para mí en lo más difícil de soportar. Pero el hecho es que todo desaparece, aunque prefiero pensar que todavía tienes la suerte de oler la tierra mojada… en ese caso ojalá consigas lo que nosotros no supimos hacer: hazles entender. Diles que al final todo lo que queda son esas conversaciones al aire libre, el viento de tormenta, las caminatas bajo el sol de invierno, las noches de verano con las luciérnagas latiendo en los arbustos, los besos bajo un cielo sin luna atestado de estrellas… Si llegamos a mañana, haz que lo cuiden y lo entiendan».

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