Perder el tiempo


Una vez escuché la mejor frase del mundo: quiero tener tiempo para poder perderlo. Mucha gente pensará que esta frase está cargada de nostalgia y de obligaciones, que los que pueden perder el tiempo es porque les sobra el dinero.
Al parecer han llegado algunas cartas a la redacción diciendo que la revista Outdoor es para gente “pija”, que para hacer las actividades que proponen o los viajes o las rutas hay que tener mucho dinero y mucho tiempo. En el fondo lo importante es tener tiempo para poder perderlo, y dinero para no tener que preocuparse por él. Pero para cumplir esto no hace falta mucho de ambas cosas, más bien ganas y la actitud adecuada.
El apetito de ocio que tiene la humanidad debería ser insaciable. Dedicamos la mayoría de nuestras horas a trabajar, comer, comprar, dormir… porque nos parece perder el tiempo dedicar mucho a entrenar, salir los fines de semana, hacer deporte, o nos parece muy caro gastarnos el dinero en una bicicleta pero no tanto si es una tostadora o un cine o unos cubatas. Esta revista trata de dedicarle tiempo al ocio, de mimarlo y cuidarlo.
Día tras día buscamos una respuesta a la eterna pregunta que se planteó Aristóteles en su Ética: ¿Cómo debería dirigir un ser humano su vida? Pero la respuesta es esquiva, se oculta tras las muchas horas en que uno lucha por conciliar sus capacidades y sus sueños, por fundir ideas y pasiones, por convertir el deseo en realidad. Un tren cargado de incertidumbre nos arrastra a través del tiempo. El deporte o el ocio o los viajes… no son una huída de la realidad sino nuestros mejores aliados para dar sentido a la anarquía de la existencia.
Quizá deberíamos pensar más a menudo, en lugar de quejarnos tanto, que es tanto lo que el mundo nos ofrece que todos deberíamos ser felices como príncipes. Quizá deberíamos acordarnos, en nuestras ajetreadas vidas, del Principito (un experto en eso de perder el tiempo y de no tener dinero); cuando se encuentra a un comerciante de píldoras que calman la sed, si se toma una pastilla a la semana no se necesita beber ningún líquido durante ese tiempo: —Por qué vendes eso —dijo el principito. Es una gran economía de tiempo —dijo el comerciante— los expertos han comprobado que se ahorran cincuenta y tres minutos por semana. ¿Y qué se puede hacer con esos cincuenta y tres minutos? –Cada uno puede hacer lo que quiera… —Si yo tuviera cincuenta y tres minutos libres para gastarlos en lo que quisiera, contesta el principito, me dirigiría tranquilamente hacia una fuente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *