Madre, si tu supieras…


Que tu casa sin ti es un mausoleo silencioso

igual que un abanico en exposición que

nunca ha regalado un soplo de aire.

Y un hospital en tu compañía puede parecer

un rincón confortable donde guarecerse.

Nos has acunado, cuidado, enseñado libertad y disciplina.

Ahora sólo queremos estar a tu lado

disfrutar de tu presencia tranquilizadora

de tu mirada de viajes, de caminos, de armonía

y romper el miedo disfrazado de silencio.

Tu mirada que no juzga nuestros actos

nuestros errores ni tus decepciones

sólo abres unos brazos inmensos

donde cabemos todos y nos acoges.

No hay mayor respeto que tu hospitalidad sin límites.

Madre, si tu supieras

que las generaciones se suceden

y sigues siendo esa matriarca subversiva

que nos funde en un árbol de vida y de cariño.

Si tu supieras, madre, que sin ti todo es nada

que en tu compañía las cicatrices se curan

las fisuras dejadas por el tiempo se cierran

los dolores, se amortiguan…

Escondes tras un cuerpo fuerte un corazón de fuego

que une a esta familia en las llamas

del amor sobre todo y de esos pequeños retales de alegría.

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