Oscuras soledades


El canario de la casa está triste porque ama entre rejas y duerme entre rejas. Pero no aprecia esa libertad que yo tanto envidio.
Puede mirar por la ventana y ver el paso de las estaciones, cómo caen las hojas de los árboles en otoño, la lluvia golpeando los cristales, las flores en primavera, el olor que precede a una tormenta de verano… sin embargo yo estoy condenado a vivir encerrado, luchando contra la locura a través de la imaginación, pensando en cómo sería sentir frío o notar en mi piel el calor del sol.
Supongo que él sueña con salir de esa cárcel desde la que observa el mundo y poder participar activamente en lo que sucede tras sus rejas. Tocar a su amada, a la que tiene tan cerca pero a la vez tan lejos, volar libre notando la suave brisa de la noche, chapotear en los charcos, disfrutar de la incertidumbre de no saber qué te depara el futuro…

Pero yo paso el tiempo esperando que pasen los segundos, anhelando que lleguen las doce del medio día o de la media noche, deseando disfrutar de esas horas en las que puedo pertenecer un poco más a la realidad y sentirme libre por unos instantes, con mi cabeza llena de imágenes en las que me iré recreando durante las largas doce horas siguientes.
Las medias son las que menos me gustan, ya que salgo de esta soledad en tinieblas y mis pupilas tardan tanto en acostumbrarse a la luz que apenas consigo ver nada. Me queda la sensación de haber tenido un bonito sueño que no puedo recordar.

El canario de la casa está triste porque ama entre rejas y duerme entre rejas, pero no es una maleta que pasa por este mundo sin que nadie lo recuerde. Le quieren desde el exilio de la jaula de enfrente, le envidian los gorriones al otro lado del cristal y todo el mundo desea escuchar su canto.
Sin embargo yo sé que pasarán los días y seguiré aquí, condenado a vivir eternamente rodeado de oscuras soledades, en la cárcel de madera de mi reloj de cuco.
Luchando para que no me devore el tiempo y el olvido.

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