Buenas intenciones


El dinero no da la felicidad. No sé quién se inventó esta frasecita tan ocurrente, probablemente alguien que tenía dinero. También se dice que los científicos no han hallado ninguna relación entre el dinero y la felicidad, pero creo que es un mito. No hablo de esos límites que tienen más relación con los derechos humanos que con el dinero en sí, está claro que si no tienes para comer, si tienes hambre y sed y frío y guerras…todo lo demás no importa. Pero hablo del mito de quitarle importancia al dinero como si fuese de mal gusto pensar en él. Resulta que si eres escritor no puedes hablar de dinero ¡por favor un artista qué frivolidad! Claro que no escribo para hacerme rica pero resulta que tengo que pagar la casa, el coche, la gasolina… y nada me haría más feliz que no preocuparme por el dinero y poder ganarlo sólo escribiendo. Perdonen las mentes puras de los artistas malditos mi futilidad.
Pero quizá sí es de mal gusto empezar el año hablando de pasta en lugar de tratar sobre todo aquello que nos hizo felices y que no tiene nada que ver con el dinero. Lo primero que me ha venido a la cabeza ha sido la belleza, no la belleza sesuda del arte sino la belleza natural. Me refiero a la belleza de la nieve, o a la del juego de las olas sobre una dulce playa, o una pared roja a la luz de poniente… la belleza del aire unos instantes antes de romper a llover, o los árboles en otoño en un parque de una gran ciudad… la belleza de la buena compañía, de que te quieran, de querer… Después he pensado en el correcaminos. Volviendo de Grecia, en el avión, estaban poniendo estos dibujos y me gustaba ver como todos nos reíamos. Ese humor tan simple que resume todo. El coyote siempre luchando por alcanzar lo inalcanzable sin conseguirlo. ¿No es eso la vida? ¿no es eso al fin y al cabo reírse de la propia vida?, ¿de la muerte siempre acechante? ¿de lo fácil que es cambiar el punto de vista? Pero también puede ser que no, que sólo sea un coyote persiguiendo a un correcaminos. Me gustaba pensar que en ese avión había gente sencilla, gente compleja, seria, en su sitio… riéndose de estos dibujos a carcajada limpia, con la inocencia de un niño.
Después de recapacitar sobre el pasado año puedo decir que es mentira que el dinero de la felicidad, en cualquier caso me da igual, prefiero empezar el 2007 con buenas intenciones que no tengan nada que ver con la economía. Aquí va mi lista, quizá todos deberíamos tener una:

Cuidar a la gente que quiero, aprender inglés, cantar en el coche a todo trapo, escribir, bailar en plan salvaje, escalar mucho, susurrar palabras de amor, beber ocho vasos de agua al día, hablar menos por teléfono, ir mucho al cine, hacer por lo menos un viaje largo, reírme de mí misma, asumir riesgos, cepillarme los dientes después de cada comida, pasar más tiempo con mi gente, aprender a hacer la tarta de queso de mi hermana, tirar la receta de la tarta de queso por la ventana, defender al débil, mantener los ojos abiertos, dormir la siesta a la orilla de un río, hacer el tonto, cotorrear con mis amigas, mirar a la gente, reír, pegar fotos, recoger gatos abandonados, perros, loros, elefantes… recuperar la receta de la tarta de queso, bajar la basura, no olvidarme de cuidar a la gente que quiero.

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